Un volcán no siempre tiene la forma de
una montaña con un cráter en la cima. En el Maule, la realidad es bastante más
compleja. La región cuenta con cinco sistemas volcánicos considerados activos:
el grupo Descabezado, Cerro Azul, Quizapu, el complejo Planchón-Peteroa y la
Laguna del Maule.
Precisamente este último fue uno de
los protagonistas de la exposición “Volcanes y peligros”, desarrollada en la
UCM, instancia que permitió acercar el conocimiento geológico a la comunidad y
fortalecer el trabajo conjunto entre la universidad y el Servicio Nacional de
Geología y Minería (Sernageomin).
“Actualmente los volcanes están
tranquilos”, explica Constanza Perales Moya, geóloga de la Red Nacional de
Vigilancia Volcánica de Sernageomin. Sin embargo, advierte que esto no
significa que la actividad geológica deje de ser monitoreada.
Uno de los casos que requiere especial
atención es la Laguna del Maule, que no corresponde al típico volcán que se
observa como un gran cono. “Es un complejo volcánico y presenta vulcanismo
distribuido”, señala Perales, explicando que existen distintos centros por
donde se han producido erupciones, algunos asociados a flujos de lava y
cráteres distribuidos por la zona.
El complejo también ha presentado una
importante actividad sísmica durante la última década, además de deformación en
su superficie. A esto se suma que ha tenido distintos tipos de erupciones,
desde flujos de lava hasta eventos explosivos, siendo estos últimos los que
generan mayor preocupación por su capacidad de afectar áreas más extensas.
¿Y cuáles serían los peligros si
alguno de estos volcanes volviera a entrar en erupción? Perales menciona los
lahares, aluviones volcánicos que pueden desplazarse por los valles; los flujos
piroclásticos, nubes incandescentes que avanzan a gran velocidad; los flujos de
lava y la dispersión de cenizas.
Este último fenómeno puede alcanzar
grandes distancias dependiendo de la magnitud de la erupción y las condiciones
del viento. Un antecedente regional es el volcán Quizapu, cuya erupción de 1932
fue una de las mayores registradas en Chile durante el siglo XX.
En la Laguna del Maule, además, existe
un escenario hipotético que los especialistas estudian: una eventual erupción
que pudiera afectar el embalse y generar inundaciones aguas abajo. “Es un
escenario y no significa que vaya a ser así”, aclara Perales, ya que no es
posible anticipar con exactitud dónde comenzaría una futura erupción ni si esta
necesariamente afectaría al cuerpo de agua.
Para Álvaro Aravena, académico de la
UCM, abordar estos fenómenos desde la divulgación es fundamental para reducir
la vulnerabilidad de la población. “La principal herramienta que tenemos es
atacar otro parámetro que es la vulnerabilidad”, sostiene, destacando la
importancia de que las personas conozcan los riesgos del territorio que
habitan.
El encuentro también permitió
fortalecer la vinculación de la Escuela de Geología de la UCM con instituciones
y actores regionales. Su director, Felipe Orellana, destacó que estas
instancias permiten que la formación de los estudiantes trascienda las aulas y
se conecte directamente con las necesidades del territorio.
“Eso es súper interesante, porque así
la carrera se instala no solo en un marco académico, sino que en un marco de
desarrollo regional”.
El académico agregó que la proyección
apunta a generar prácticas, memorias e investigaciones junto a Sernageomin,
involucrando a los estudiantes en el trabajo geológico que se desarrolla en la
región.


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