“¿Cómo promover el acceso equitativo a oportunidades
educativas de calidad para las personas autistas y sus familias?”. Esta
pregunta fue la temática central de un conversatorio y muestra de stands
informativos organizado por la Escuela de Fonoaudiología de la Universidad de
Talca y el Departamento de Administración de Educación Municipal (DAEM Talca)
en el marco de la conmemoración del Día de la Concienciación sobre el Autismo.
La jornada realizada en Liceo Amelia Courbis de Talca contó
en el panel con la presencia de las profesionales autistas May Durán
Valenzuela, profesora de Educación Especial y magíster en Neurociencias para el
Aprendizaje; Andrea Ruiz-Tagle, estudiante de 4° año de la carrera de
Fonoaudiología de la UTalca; y Canela Arce, docente de Lenguaje del Liceo
Amelia Courbis.
El académico de la Escuela de Fonoaudiología, José Sazo
Ávila, explicó que la pregunta en torno a la cual se desarrolló la jornada se
centró en la idea de “cómo garantizamos que las personas autistas y sus
familias accedan, en igualdad de condiciones, a oportunidades educativas que
realmente sean de calidad para ellas, y no solo ‘para la norma’”.
Recalcó que “la tarea de la educación no es ‘arreglar’ o
‘normalizar’ a estudiantes autistas, sino entenderles, respetarles y construir
entornos donde sus maneras de sentir, comunicarse y aprender, sean posibles y
valiosas”.
Sazo agregó que eso obliga “a desplazar la pregunta del ‘qué
le falta al niño o a la familia’ hacia ‘qué le falta a nuestro sistema
educativo para dejar de excluirlos’, qué ajustes sensoriales, qué formas de
comunicación, qué ritmos y qué apoyos estamos dispuestos a transformar en las
aulas”.
Entender la diversidad
Por otra parte, las expositoras coincidieron en recalcar
aspectos como la necesidad de entender mejor la diversidad del espectro, que
las adaptaciones o sugerencias no sirven para todas las personas autistas, pues
todas son muy diferentes; así como la necesidad de trasladar la responsabilidad
de las adaptaciones desde las personas autistas a las instituciones o mejorar
la comunicación de profesores con niños, niñas o adolescentes autistas.
Sobre las experiencias vividas en contextos educativos, May
Durán recordó que como estudiante de ciclo básico tuvo que lidiar con “barreras
sensoriales y de estructura, de anticipación, de entender lo que va a pasar y
cuándo; también con la mediación adulta en espacios de convivencia libre, como
los recreos, ya que allí hay muchas cosas que afectan a las personas autistas”.
Además, relató que como adolescente tuvo que enmascarar de
forma extrema su condición para ser parte del grupo. Al mismo tiempo, señaló
que hace mucha falta la educación sexual integral, ya que “las personas
autistas, por la literalidad y la ingenuidad, es una población mucho más
expuesta a situaciones de abuso y de violencia vinculares”.
Igualmente, la profesional recalcó que una barrera en su
vida universitaria fue la necesidad casi obligatoria de ser autónoma. “Por otro
lado, viví rechazo social asociado al talento”.
May no solo es autista, sino que vive con TDA y alta
capacidad intelectual. “Muchas veces viví el aislamiento por destacar
académicamente. Por lo tanto, tuve que decidir entre destacarme en los estudios
y habitar la soledad, o esconder mis habilidades y ser parte del grupo”.
La educadora destacó que falta mucho para lograr la
verdadera integración. “La política pública no es suficiente si no se acompaña
de estrategias coherentes para que los contextos se transformen, porque no se
trata de un problema individual. Por supuesto yo como persona autista voy a
terapia y me someto a cosas más individuales, pero no va a cambiar el panorama
si el contexto no se transforma”.
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