Aunque el cine y la
cultura popular han instalado el concepto de un beso ideal, desde la ciencia no
existe una fórmula universal. Así lo explicó la tecnóloga médica Ignacia
Alarcón, quien señaló que un “buen beso” depende tanto de la técnica como de
factores biológicos, químicos y emocionales.
“Desde el punto de vista
científico no existe un beso perfecto como tal, pero sí hay elementos que
influyen en cómo percibimos esta experiencia”, indicó.
Según la profesional, la
acción de besar activa el sistema de recompensa cerebral, desencadenando la
liberación de neurotransmisores como dopamina, oxitocina y endorfinas, asociadas
al placer, al apego, el bienestar y la relajación.
“Si bien no tenemos una
receta exacta, un buen beso sería aquel que logra activar de forma efectiva
estos neurotransmisores, generando una verdadera conexión”, afirmó.
A mediados de este mes,
se conmemoró el Día Internacional del Beso, una fecha que surgió gracias al beso más largo de la historia, que duró 58 horas y
que fue protagonizado por una pareja tailandesa durante un certamen.
“El beso también tiene
una dimensión subjetiva muy importante. La afinidad emocional, la confianza y
la conexión con la otra persona pueden cambiar completamente cómo se vive esa
experiencia”, añadió Alarcón.
La profesional sostuvo
que si bien la química del beso no puede medirse con un examen de laboratorio,
el bienestar físico y emocional siempre van de la mano.
“Los besos se vinculan
al cariño, la pasión y momentos felices, pero igualmente funcionan como escudo
emocional, mejorando el estado de ánimo y reduciendo el estrés. Los efectos
positivos son tantos que no hay razón para no darlos”, agregó.

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