Columna de Opinión
El Pbro. Dr. Mauricio Albornoz
Olivares invitó a reflexionar en esta Semana Santa sobre cómo el espíritu de
Jesús puede interpelar a una sociedad occidental individualista y golpeada por
la incertidumbre geopolítica.
En medio de un escenario
internacional convulso y una sociedad marcada por la velocidad y el
aislamiento, el Pbro. Dr. Mauricio Albornoz Olivares, decano de la Facultad de
Ciencias Religiosas y Filosóficas de la Universidad Católica del Maule (UCM),
analiza el sentido de la Semana Santa. En esta conversación, el académico
explica cómo el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Jesús ofrece
claves de esperanza frente a los conflictos bélicos y las diversas crisis de
nuestro tiempo.
¿Cómo debemos entender la
esperanza cristiana en un contexto mundial tan complejo, con guerras y crisis
humanitarias?
Antropológicamente hablando, el ser humano es un ser de esperanza;
vivimos de ella en nuestras búsquedas sociales, personales y en nuestros
perennes anhelos de justicia. Sin embargo, en contextos bélicos como los que
vivimos, esa esperanza se ve oscurecida por la incertidumbre. El acontecimiento
central de la Semana Santa fortalece esa condición humana que espera y confía
en un devenir que nos traspasa; luz que ilumina la oscuridad, y devuelve una
presencia que alimenta esa esperanza condicionada por lo acontecimientos
presentes. En efecto, el acontecimiento de la muerte y resurrección de Jesús
ilumina las tinieblas que rodean nuestros ambientes personales y sociales. No
hay otra acción en la historia que permita ofrecer con tanto ímpetu, con tanto
sentido, con tanto gozo aquellas situaciones que en ocasiones oscurecen nuestro
caminar.
Usted mencionaba lo ocurrido en
Jerusalén al inicio de esta Semana Santa con el Domingo de Ramos. ¿Qué lección
podemos sacar de ese episodio?
Fue un signo muy potente. Inicialmente, Israel cerró las
posibilidades de celebrar los misterios de la fe en la misma Jerusalén, pero
tras un par de días, el diálogo entre el Patriarcado de Jerusalén y la
autoridad de Israel, posibilitó que las celebraciones se puedan desarrollar. El
diálogo abre las puertas de aquellas negaciones que, por tozudez o incapacidad,
no logramos percibir en los otros. Este pequeño signo es una muestra de que las
cosas pueden verse superadas en la medida en que buscamos los caminos comunes.
El diálogo es lo que viabiliza la fe en medio de las limitaciones históricas y
culturales, y es la acción que abre las puertas allí donde en ocasiones las
cerramos por nuestras torpezas.
En una sociedad que muchas veces
se define como individualista, ¿cómo nos interpela hoy la figura de Jesús?
La vida de Jesús nos invita a reconducir nuestros espacios: los
familiares, sociales, políticos y también los universitarios. Es paradójico ver
cómo en Domingo de Ramos la multitud aclama a Jesús, pero en el devenir de los
días lo van dejando solo hasta la cruz. Hoy, el desafío para cada uno de
nosotros es ser de esos amigos de Jesús que no lo abandonan, que no se alejan
en los momentos más angustiantes. Acompañar a Jesús en su pasión nos hace más
humanos. Estar al lado del que triunfa es fácil; el desafío mayor es estar al
lado del ser humano que sufre, que es marginado o que vive el rechazo. El estar
con Jesús en su pasión y en su muerte nos abre a la posibilidad de estar más
cerca de las realidades humanas donde el dolor se hace constante.
Finalmente, ¿cuál es la invitación
para la comunidad, sea o no creyente, en estos días santos?
La invitación es a mirar la vida entera de Jesús, no solo como una
norma moral o ejemplo de vida, digna de admirar, sino como una interpelación a
nosotros mismos para reconocernos en nuestra fragilidad, y tomar conciencia lo
necesitado que estamos de Dios. La resurrección de Jesús es el triunfo
definitivo del amor de Dios sobre el mal. Al involucrarnos en esta experiencia,
que se expresa en los distintos momentos de Semana Santa, podemos adentrarnos en
una forma distinta, una donde el "estilo de Jesús" —de apertura,
escucha y entrega— gobierne positivamente nuestras realidades y nos permita
alcanzar una vida más plena y con más y mayor sentido, frente a los desafíos
que el contexto actual nos impone.


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