Cambios hormonales y metabólicos y una distribución
distinta de la grasa corporal forman parte de un proceso natural que puede
comenzar hasta diez años antes del cese definitivo de la menstruación. La
menopausia genera una serie de transformaciones físicas que muchas mujeres
perciben de manera repentina. Sin embargo, desde el punto de vista médico, dicho
ciclo empieza gradualmente con una década de anticipación.
“Como tal, la menopausia es el cese de la menstruación
por doce meses consecutivos, si bien los cambios en el cuerpo comienzan mucho
antes, incluso ocho o diez años antes. Lo que ocurre es que a veces las
transformaciones se hacen más evidentes cuando finalmente llega la menopausia”,
explicó la ginecóloga Xireme Urbaneja, especialista de la Clínica San Rafael.
Durante ese periodo, conocido como perimenopausia o
climaterio, el organismo experimenta variaciones hormonales y metabólicas que
pueden provocar síntomas como aumento de peso, cambios en el estado de ánimo,
sequedad vaginal o disminución del deseo sexual. Uno de los fenómenos más
notorios consiste en la modificación de la distribución de la grasa corporal.
Mientras en etapas más tempranas de la vida ésta suele concentrarse en zonas
como las caderas, durante la menopausia tiende a acumularse en el abdomen.
“La llamada grasa
visceral se vuelve más notoria en este periodo y, más allá de una preocupación
estética, puede tener implicancias para la salud, como un mayor riesgo de
enfermedades cardiovasculares y trastornos metabólicos, como la resistencia a
la insulina. Por eso es importante
en este ciclo combinar ejercicios que aumenten el metabolismo con una dieta antiinflamatoria alta en proteínas y fibra”, sostuvo la profesional.
A estas transformaciones se suman cambios en el sistema
genitourinario, ocasionados por la disminución de estrógenos. “La falta de
estrógeno hace que las mucosas vaginales y uretrales se resequen y cambie el
pH, lo que puede favorecer la aparición de infecciones urinarias”, indicó
Urbaneja.
Un proceso que sí tiene tratamiento
Aunque la menopausia es un ciclo natural en la existencia
de cualquier mujer, la experta enfatizó que los síntomas -que van desde los
bochornos hasta la pérdida de tejido muscular- no deben ser ignorados, ya que
existen tratamientos capaces de mejorar significativamente la calidad de vida.
“No es necesario resignarse a vivir con los síntomas,
porque hoy sabemos que pueden tratarse. Existen terapias hormonales,
tratamientos locales y medicamentos alternativos para mujeres que no pueden
utilizar estrógenos”, afirmó.
Además, la ginecóloga destacó la importancia de adoptar
hábitos saludables desde la etapa previa a la menopausia, como una alimentación
equilibrada, actividad física regular -especialmente ejercicios de fuerza- y
una adecuada hidratación.
“La idea es llegar a la menopausia en las mejores
condiciones posibles, porque eso también influye en cómo se vive esta etapa.
Los síntomas son inevitables, pero sí podemos encontrar un gran alivio en
tratamientos o modificaciones no muy drásticas”, recalcó Urbaneja, quien
atiende en las sedes de la clínica San Rafael en Talca y Linares.

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