Con el inicio del año escolar, el regreso a clases de niños y niñas en etapa preescolar plantea desafíos importantes para las familias. En este contexto, la directora de la Escuela de Educación Parvularia de la Universidad Católica del Maule (UCM), Marcela Bertoglio, entregó una serie de recomendaciones orientadas a favorecer una transición armónica y fortalecer el desarrollo integral en la primera infancia.
La académica
subrayó que uno de los factores más relevantes es la asistencia regular a
clases. “La educación parvularia es un ciclo muy importante. Un niño o niña que
tiene sistematicidad en la asistencia logra conectarse con las rutinas, con las
tareas y con los procesos de aprendizaje propios de su etapa. Cuando hay
ausencias prolongadas, se dificulta esa inserción y continuidad”, explicó.
En esa línea,
sostuvo que es fundamental que las familias comprendan que este nivel educativo
requiere compromiso y organización. “No es lo mismo que el niño permanezca en
casa frente a una pantalla que estar en un entorno enriquecido, interactuando
con otros niños, en espacios diseñados para su desarrollo y con rutinas
pensadas pedagógicamente”, señaló.
Estimular
el pensamiento desde el diálogo
Respecto a cómo
reforzar en el hogar lo aprendido en el aula, Bertoglio aclaró que, si bien
actividades como pintar o dibujar son parte del proceso, el foco principal está
en el desarrollo del pensamiento, las habilidades sociales y emocionales, y la
resolución de problemas.
“Antes de llegar a
la hoja para pintar, el niño ya ha pensado una idea, la ha compartido, ha
explorado y descubierto. Por eso es importante que las familias profundicen el
diálogo con preguntas como: ¿Qué hiciste hoy?, ¿Qué te gustó más?, ¿Qué piensas
de eso?”, indicó.
La directora
enfatizó que estas conversaciones permiten potenciar el lenguaje y el
pensamiento crítico desde edades tempranas. En ese sentido, destacó la
relevancia de instaurar el hábito de la lectura diaria desde el nacimiento.
“Hoy existen libros en distintos formatos, incluso para recién nacidos. Con
solo 10 minutos diarios se genera un desarrollo lingüístico que marca una
diferencia significativa en el futuro académico y en la vida personal del
niño”, afirmó.
Añadió que el
lenguaje no solo es clave para la comprensión lectora, sino también para la
comunicación, la autorregulación y la construcción del pensamiento.
Rutinas
claras y menos pantallas
Otro aspecto
central es la organización de rutinas en el hogar. Según la académica, contar
con horarios definidos y repetitivos entrega seguridad y estabilidad emocional.
“Cuando un niño o niña sabe que primero viene una actividad y luego otra, se
siente más tranquilo y confiado”, explicó.
Asimismo, recomendó
limitar al máximo el uso de pantallas, especialmente en menores de siete años.
“El desarrollo emocional, cognitivo y motriz requiere juego libre, movimiento,
interacción y exploración. Ojalá el tiempo de esparcimiento sea fuera de las
pantallas, con juegos en el suelo, con juguetes, con diálogo y acompañamiento
adulto”, señaló.
Finalmente, hizo un
llamado a fortalecer prácticas cotidianas como la alimentación saludable, el
descanso adecuado y los espacios de juego al aire libre. “No se trata de
imponer grandes exigencias, sino de volver a prácticas simples: rutinas
ordenadas, lectura diaria, tiempo de conversación y juego libre. Son acciones
pequeñas, pero con un enorme impacto en el desarrollo de nuestros niños y
niñas”, concluyó.


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