El del Día
Mundial de la Obesidad, es una fecha una fecha que insta a la reflexión
respecto a una problemática que atraviesa a toda población, sin quedar ajena la
comunidad universitaria compuesta por estudiantes, académicos y funcionarios.
Extensas
jornadas académicas y laborales, asociadas también a un estrés, poco tiempo
para cocinar y largas horas frente al computador, pueden influir en hábitos
poco saludables, como el consumo frecuente de comida rápida y el sedentarismo,
lo que conlleva una dieta desordenada y escasez de actividad física.
En Chile, el sobrepeso y la obesidad han aumentado sostenidamente
en los últimos años, convirtiéndose en uno de los principales desafíos que
tiene la salud pública hoy en día. Según datos arrojados por la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en la última década el
país aumentó de un 10% a un 30%, respecto a personas de 15 o más años que
padecen de esta enfermedad.
En datos más duros, según la Encuesta Nacional de la Salud (ENS),
más del 70% de la población adulta presenta exceso de peso, considerando
sobrepeso y obesidad. Además, si apuntamos a la población infantil, el último
informe de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas a través del Mapa
Nutricional (JUNAEB) evidencia que más de la mitad de los escolares presenta
malnutrición por exceso desde edades tempranas.
Esta condición no solo impacta la calidad de vida, sino que eleva
el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas. Así lo indicó Isabel Adasme
Muñoz, coordinadora de Promoción y Prevención en Salud de la UCM: “Entre las
enfermedades más conocidas se encuentran la Diabetes tipo 2, la Hipertensión
arterial y las enfermedades cardiovasculares, que actualmente representan
algunas de las principales causas de enfermedad y mortalidad en el país”,
explicó.
Profundizando lo anterior, también señaló que “se puede aumentar
el riesgo de desarrollar alteraciones metabólicas, dislipidemias, resistencia a
la insulina, enfermedad hepática grasa no alcohólica, problemas
osteoarticulares debido a la sobrecarga en las articulaciones, trastornos
respiratorios y algunos tipos de cáncer”, apuntó.
Un tema que es necesario que se visibilice y se instale en las
distintas discusiones. “Es primordial hablar de la obesidad porque permite
comprender que se trata de una enfermedad multifactorial, donde influyen
aspectos biológicos, psicológicos, hormonales, sociales, culturales y
ambientales, y que, por lo tanto, requiere un abordaje amplio, con respeto y
coordinado”, complementó Adasme.
En este
contexto, la Universidad también cumple un rol clave como espacio formador y
promotor de bienestar. Fomentar pausas activas, mejorar la oferta de
alimentación saludable en los campus y generar instancias de educación en salud
son acciones que pueden marcar la diferencia.
En base a lo
último, Adasme abordó el rol de la Universidad Católica del Maule al respecto,
afirmando que “se realizan operativos de salud y actividades preventivas de
forma mensual que permiten acceder a evaluaciones, orientación profesional y
controles básicos”. En sí, “pequeños cambios en la rutina diaria, pueden marcar
una gran diferencia para el bienestar y calidad de vida universitaria”, cerró.
Porque el Día
Mundial de la Obesidad no es solo una efeméride, sino una oportunidad para que
la comunidad universitaria en su conjunto reflexione y avance hacia entornos
más saludables y conscientes.


Comentarios
Publicar un comentario