Estudio de la Universidad de Talca encuestó a más de 1500
estudiantes universitarios en tres regiones del país, quienes respondieron
sobre el manejo que tienen de documentos, fotografías y otros elementos que se
almacenan en sus dispositivos electrónicos.
Correos electrónicos, fotografías y otros tipos de archivos
son parte de lo que a diario guardamos en nuestros dispositivos electrónicos
como computadores o celulares, una práctica que en algunos casos puede afectar
la calidad de vida y la salud mental de quien realiza esta acción.
En especial cuando se torna como una acumulación compulsiva
digital, problemática que se observa en especial en los jóvenes y que significa
la necesidad descontrolada de acaparar y resguardar estos archivos.
Bajo esta premisa, un equipo interdisciplinario de
investigadores de la Universidad de Talca estudió este comportamiento, en
específico, en estudiantes universitarios de tres regiones del país. En total
se encuestó a 1572 jóvenes de Talca, Chillán y Concepción, quienes dieron
cuenta de las prácticas y las necesidades que se observan al momento de
almacenar datos, y cómo esto les afecta en su vida diaria.
La iniciativa -que fue financiada a través de un Fondecyt
Regular- se denominó “Diógenes digital como nuevo fenómeno postpandemia:
efectos de la acumulación digital compulsiva en el rendimiento académico de
estudiantes universitarios”, y fue ejecutada por los académicos de la
Universidad de Talca, Alejandro Cataldo (investigador principal) y Natalia
Bravo de la Facultad de Economía y Negocios, además de la profesora Hedy Acosta
de la Facultad de Psicología quien fue coinvestigadora del proyecto.
“Quisimos saber en cuántos de nuestros encuestados y
encuestadas se manifestaba este problema y cuál es el efecto que tiene esta
acumulación en sus vidas. Cuando partimos el proyecto hace 4 años había una
distinción en la literatura entre acumuladores y no acumuladores y nos dimos
cuenta de que existen más perfiles que se diferencian”, explicó el profesor
Cataldo.
Grupos
En este sentido la investigación distingue, por un lado, las
personas que no tienen un gran número de datos guardados, a los que se llamó
minimalistas y a otros que almacenan información sin que esto interfiera con su
vida cotidiana. Por otro lado, están quienes si se ven afectados. En este
último grupo se observan dos perfiles, los acumuladores digitales problemáticos
y los casos extremos que son catalogados como “Diógenes Digital”.
“Estos dos grupos de acumuladores perciben un problema en su
vida diaria, en el caso de los problemáticos, eso sí, no los limita en su
quehacer, mientras que en los casos extremos se ve afectada su salud mental. Un
grupo de ellos reportó tener problemas psicológicos como estrés y ansiedad por
sus hábitos de acumulación de archivos digitales”, precisó el investigador
principal de la iniciativa.
Casos extremos como el de una estudiante que había creado
sucesivamente 15 cuentas de correo electrónico que le permitían almacenar
información sin necesidad de borrar, lo que le traía problemas para manejarlas.
Este fue uno de los ejemplos de “Diógenes Digital” que encontraron durante la
investigación.
Situaciones de esta índole fueron analizadas en profundidad
a través de entrevistas personales, para comprender de mejor manera el
fenómeno. “Siempre se habla de que los jóvenes son nativos digitales, pero
comprobamos que son ellos los más afectados por el uso de estas tecnologías, no
solo esta problemática, sino que otras como la adicción a las tecnologías
directamente o a estar siempre conectados a redes sociales (llamado FOMO),
entre otras”, planteó el académico.
Cataldo indicó que este trabajo busca generar evidencia
científica para que, tanto instituciones académicas como la sociedad puedan
atender esta realidad que afectaría, principalmente, en la formación de los
jóvenes.
La profesora Natalia Bravo destacó la contribución de esta
investigación. “Previamente no había muchos estudios sobre este fenómeno, por
lo que este trabajo ha redefinido el concepto de acumulación digital lo que
genera un precedente y permite ser un base para realizar investigaciones en
poblaciones distintas, por ejemplo, como trabajadores u otras personas que
pueden tener un comportamiento diferente”, sostuvo.
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