Columna de opinión del Dr. y Pbro. Mauricio Albornoz Olivares, decano de
la Facultad de Ciencias Religiosas y Filosóficas de la Universidad Católica del
Maule.
El Magisterio social de la Iglesia nace connaturalmente con ella. Son innumerables los pasajes que desde el mismo Evangelio florecen y hablan de esta expresión de la vida espiritual promovida por Jesucristo y los apóstoles. Pasando por los padres de la Iglesia, la alta reflexión medieval y las grandes repercusiones de la contrarreforma, se hace imposible no ver el espíritu social que ha movido el corazón de la identidad cristiana a lo largo de los siglos.
La publicación de la Rerum Novarum de León XIII, en medio de las profundas
tensiones que demandaba la Revolución industrial, marcó un verdadero
hito en lo que a enseñanza social se refiere, cuestión que motivó el devenir
eclesial en el siglo XX. San Alberto Hurtado fue una figura que
incuestionablemente marcó la historia de Chile, transformándose en la expresión
humana y religiosa que materializó la Rerum Novarum en nuestro país. Su
aporte a la conciencia social invitando particularmente a los jóvenes
universitarios a mirar de frente los problemas de su época, releerlos a la
luz del evangelio y llevar adelante dinámicas de transformación, lo han puesto
en los primeros lugares de la historia social chilena, y en los altares de la
Iglesia católica.
Hoy, un sucesor de León XIII, nos invita a través de una nueva encíclica
a mirar la realidad, y buscar responder a los dilemas actuales bajo la
humanización de la inteligencia artificial. La burguesía y la industrialización
decimonónica, toma hoy el rostro y el poder del algoritmo que nos interpela
desde Magnifica Humanitas. El paradigma tecnocrático y el poder digital,
donde la lógica de la eficiencia puede convertirse en la única medida del valor
humano, rememora las lógicas de la Revolución industrial, cuestionadas
entonces por Rerum Novarum, y advertidas hoy por Magnifica Humanitas: “…mientras
la IA promete impulsar la productividad haciéndose cargo de tareas ordinarias,
a menudo los trabajadores se ven obligados a adaptarse a la velocidad y a las
exigencias de las máquinas, en lugar de que estas últimas estén diseñadas para
ayudar a quienes trabajan” (MH 150).
La imagen de San Alberto Hurtado recordada este 18 de agosto, resuena
nuevamente en la conciencia para recoger el Magisterio social de la Iglesia que
nos interpela hoy en clave digital, parafraseando desde nuestro lugar la
perenne pregunta que el santo de Chile nos dejó ¿Qué haría Cristo en la era de
la inteligencia artificial?
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