Sustentados en proyecto financiado por el Fondo de Distribución de Beneficios del Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura (TIRFAA) de la FAO, investigadores de INIA Quilamapu impulsan la recuperación de variedades tradicionales de lentejas y chícharos adaptadas a condiciones de sequía y enfermedades, fortaleciendo la agricultura familiar y la producción nacional de alimentos.
Con la finalidad de fortalecer la producción de legumbres locales y relevar sus beneficios nutricionales, investigadores de INIA Quilamapu reunieron a 70 productores en una jornada de capacitación que incluyó talleres técnicos orientados a mejorar la producción de chícharos y lentejas en la Región de Ñuble.
El encuentro se realizó en el marco del proyecto “Identificación y reintroducción de recursos genéticos de legumbres con tolerancia a sequía y enfermedades que contribuyan a la seguridad alimentaria y adaptabilidad al cambio climático en la agricultura familiar campesina del secano interior de Chile”, que impulsa FAO y ejecuta INIA.
La jornada fue liderada por el investigador y curador del Banco de Recursos Genéticos Vegetales de INIA Quilamapu, Gerardo Tapia, quien destacó el valor estratégico de las legumbres para la alimentación, la sostenibilidad agrícola y la adaptación al cambio climático. “Las legumbres son un cultivo muy noble (...) son alimentos altamente nutritivos y saludables, capaces de contribuir a la prevención de enfermedades como la diabetes”. Además, precisó que su cultivo permite fijar nitrógeno atmosférico en el suelo, lo que mejora la fertilidad del mismo y reduce el uso de fertilizantes”.
Rescate de legumbres tradicionales
Tapia señaló que especies como las lentejas y los chícharos presentan una gran adaptación a las restricciones de agua y a suelos de baja fertilidad, características que las convierten en una alternativa productiva relevante para la agricultura familiar campesina. Dijo que, aunque no son originarias de América, estas especies se han adaptado exitosamente a las condiciones locales, desarrollando características propias tras décadas de cultivo.
Uno de los principales objetivos de la iniciativa es rescatar variedades tradicionales que han ido desapareciendo de los campos chilenos, debido a la expansión de sistemas agrícolas más homogéneos. Para ello, el proyecto trabaja con materiales conservados en el Banco de Recursos Genéticos Vegetales que INIA mantiene en Chillán. “Queremos que las semillas que resguardamos en nuestras cámaras frías vuelvan al campo y cobren vida. Muchas de estas variedades antiguas poseen características únicas relacionadas con su adaptación, calidad nutricional y valor patrimonial”, indicó el investigador.
Asimismo, expuso que estas semillas representan una oportunidad para generar productos con mayor valor agregado y abrir nuevas alternativas de comercialización para los pequeños productores. En este sentido, remarcó la importancia de fortalecer la asociatividad y la cooperación. “Es fundamental que los productores se organicen para comercializar en conjunto, lo que les permite mejorar la negociación y contar con mayor seguridad para aumentar la productividad”, sostuvo.
El desafío de recuperar la producción nacional
La inquietud por el futuro de las legumbres chilenas también fue abordada por Andrés Acuña, agricultor de la comuna de Ñiquén, quien analizó las dificultades que enfrenta el sector desde las décadas de 1980 y 1990. Explicó que la incorporación de las legumbres a mercados globalizados redujo la competitividad de la producción nacional y afectó la pequeña agricultura, tradicionalmente dedicada al cultivo de porotos, lentejas, garbanzos y otros alimentos básicos. “Hoy Chile produce cada vez menos legumbres y depende en gran medida de las importaciones. Eso genera una vulnerabilidad importante desde el punto de vista de la seguridad alimentaria”, afirmó.
Acuña agregó que la baja rentabilidad sigue siendo uno de los principales obstáculos para recuperar la producción. A su juicio, los pequeños agricultores reciben una fracción reducida del precio de venta debido a la participación de intermediarios en la cadena comercial. “Si no existe rentabilidad, el agricultor simplemente optará por otros cultivos. Por eso es necesario abordar no solo los aspectos productivos, sino también los comerciales”, sentenció.
Otro factor que preocupa al sector es la creciente subdivisión de terrenos agrícolas para fines inmobiliarios, fenómeno que está reduciendo la superficie disponible para la producción de alimentos en distintas zonas de Ñuble.
Frente a este escenario, investigadores y productores coincidieron en la necesidad de impulsar políticas que promuevan el consumo de legumbres, fortalezcan la producción nacional y mejoren las oportunidades de comercialización para la agricultura familiar campesina. “Existe abundante evidencia científica sobre los beneficios de las legumbres para la salud. Debemos generar conciencia desde la infancia e incentivar una mayor incorporación de estos alimentos en la dieta de la población”, concluyó Gerardo Tapia.
La iniciativa impulsada por INIA y el fondo TIRFAA de FAO busca avanzar en esa dirección, combinando la conservación de recursos genéticos, la adaptación al cambio climático y el fortalecimiento de los sistemas productivos para contribuir a una agricultura más resiliente y a una mayor seguridad alimentaria para el país.
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