El consumo de sal en Chile es crítico, promediando entre 9 y 12 gramos diarios por persona, lo que duplica y casi triplica el máximo de 5 gramos recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), así lo advirtió la directora de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Talca, Ángela Sánchez Aburto, quien explicó que esto se debe “principalmente al aumento del consumo de alimentos procesados que son atractivos por su bajo costo, como, por ejemplo: embutidos, conservas, quesos curados, aperitivos salados, salsas comerciales como soya, kétchup o mostaza, y comidas precocinadas, entre otros”.
“Más del 75% del sodio en la dieta proviene de productos
procesados y comida rápida, ya que la usan para preservar alimentos y mejorar
el sabor. La sal de mesa solo representa una pequeña parte”, recalcó.
Esta realidad contrasta con la alimentación saludable, cuyos
alimentos son cada vez menos accesibles por problemas como el alza de
combustibles.
La docente agregó que, en general, las personas tienen “poco
tiempo disponible para preparar los alimentos y el sabor de ellos procesados es
mucho más apetecible que un plato de ensalada o de verduras”.
Sánchez detalló que cuando hay un consumo excesivo de sal,
las consecuencias para la salud pueden ser varias: provoca enfermedades
cardiovasculares como hipertensión arterial, insuficiencia cardíaca, infartos y
accidentes cerebrovasculares. “También causa patologías como insuficiencia y
cálculos renales, así como, genera una sobrecarga funcional de los riñones por
retención de agua y sodio; lo que facilita un exceso de peso por retención de
líquidos”, añadió.
La nutricionista de la UTalca hizo un llamado a la
ciudadanía a privilegiar el consumo de alimentos saludables con cantidades
suficientes de frutas, verduras y fibra dietética.
Según la OMS, las personas mayores de 10 años deben procurar
consumir al menos 400 gramos de frutas y verduras al día, así como al menos 25
gramos de fibra dietética natural presente en los alimentos.
De acuerdo con la académica, esta Organización Mundial
propone algunas acciones que se pueden realizar como políticas públicas. “Hay
intervenciones poblacionales efectivas que los gobiernos pueden aplicar para
promover la reducción de la ingesta de sodio, incluyendo las políticas de
reformulación para reducir este elemento, el etiquetado frontal de advertencia,
las políticas de compras públicas y de servicio de alimentos, campañas de
comunicación para el cambio de comportamiento y políticas para proteger a los
niños del impacto dañino de la publicidad de alimentos, entre otras”.
Igualmente, hizo hincapié en la posibilidad de buscar otras
alternativas como la implementación de impuestos en alimentos con excesivo
contenido de sodio, así como la sustitución de la sal de mesa por compuestos
bajos en sodio que contienen potasio para personas adultas en la población
general.
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