Las intensas precipitaciones de julio
se registraron en un contexto marcado por la influencia de El Niño, fenómeno
cuya presencia mundial recién había sido confirmada un mes antes. Según explicó
el investigador y experto en agroclimatología de INIA Quilamapu, Raúl Orrego,
este fenómeno puede favorecer nuevos eventos de lluvias.
“En la zona central y en el
centro sur de Chile, con presencia de Niño, la primavera suele ser más
lluviosa”, señaló Orrego, quien advirtió que este escenario constituye una
preocupación para el sector agrícola. “Si bien no implica necesariamente que se
repitan inundaciones, sí aumenta el riesgo de lluvias intensas durante la
floración, especialmente en árboles frutales y berries”, advirtió.
El especialista explicó que las
precipitaciones primaverales asociadas a El Niño podrían alcanzar intensidades
propias del invierno, vale decir, del orden de 5, 6 o 7 milímetros por hora,
que “generarían daños en las plantas por el golpe directo que recibe la flor en
época de floración, más que por el anegamiento”. Precisó que precipitaciones intensas
en el periodo podrían retrasar labores que requieran suelos secos para
ejecutarse, como la siembra de algunos cultivos o la fertilización nitrogenada.
La confirmación de El Niño
El Niño corresponde a un aumento
anómalo de la temperatura superficial del mar en la zona 3-4 del Pacífico, ubicada
frente a las costas de Ecuador. Orrego detalló que entre 0,5 y 1 °C sobre lo
normal corresponde a un Niño débil; entre 1 y 1,5 °C, moderado; entre 1,5 y 2
°C, fuerte; y sobre 2 °C, extremadamente fuerte. Sin embargo, el investigador
de INIA Quilamapu aclaró que la categoría definitiva se determinará una vez
completados los períodos de evaluación, ya que las mediciones consideran
promedios trimestrales.
Indicó que, en julio, la
temperatura del mar en la zona 3-4 estuvo 2,03 °C por encima de lo normal, por
lo que, si esta condición perdura por los próximos 3 meses, ya alcanzaría la
categoría de Niño extremadamente fuerte. “Las últimas proyecciones apuntan a
que para el trimestre octubre-noviembre-diciembre, el fenómeno podría superar
los 2,7 °C por sobre lo normal (que fueron los alcanzados el año 2015), lo que
lo dejaría como el evento más intenso registrado con mediciones directas”.
El especialista sostuvo que bajo
las condiciones actuales existe la posibilidad de eventos tormentosos, con
viento e incluso granizo, debido a la mayor inestabilidad atmosférica, lo que contrasta
con una primavera normal donde las lluvias suelen ser esporádicas y breves.
Uno de los mecanismos que explica
este escenario es el debilitamiento del anticiclón del Pacífico, sistema que
normalmente frena el ingreso de los frentes de lluvia hacia el continente. Al
encontrarse debilitado, los sistemas frontales pueden ingresar con mayor
frecuencia. De la misma manera, el Niño favorece la ocurrencia de los llamados
ríos atmosféricos —grandes concentraciones de vapor de agua que transportan
humedad hacia el continente— que pueden aportar
mayores volúmenes de precipitación.
El lado positivo para la
agricultura
A pesar de la amenaza en la
floración de especies frutales, bajo una mirada más amplia, el escenario
también presenta aspectos favorables. Orrego señaló que El Niño suele reducir
la frecuencia de heladas y que las precipitaciones tardías podrían contribuir a
mantener la disponibilidad de agua durante la temporada. Agregó que la nieve
acumulada en la cordillera constituye una reserva importante, aunque existe el
riesgo de que una isoterma elevada o las altas temperaturas estivales aceleren
su derretimiento.
En términos hídricos, el
investigador destacó que el centro sur ha experimentado una recuperación
significativa. Hasta antes de julio, el déficit de precipitaciones alcanzaba
aproximadamente un 40 %, mientras que actualmente la situación se encuentra dentro
del rango normal. “Lo más probable es que este año termine normal, incluso
quizás por sobre ello, como no pasaba hace muchos años”, indicó.
No obstante, el verano podría ser
especialmente cálido. El especialista advirtió que la combinación de altas
temperaturas y una mayor acumulación de biomasa producto de las lluvias puede
incrementar el riesgo de incendios forestales, aunque la humedad presente
podría moderar parcialmente ese efecto.
Orrego recordó que El Niño forma
parte de la variabilidad climática natural y ha influido en los ciclos de
precipitaciones de Chile. Mientras La Niña tiende a favorecer condiciones más
secas, El Niño suele relacionarse con una mayor disponibilidad de agua. En este
contexto, el actual escenario ofrece una oportunidad para recuperar reservas
hídricas, pero exige al sector agrícola mantener vigilancia ante lluvias
intensas, viento, granizo y altas temperaturas.



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